En 1848 acompañó al violinista
húngaro E. Remenyl, lo que le permitió conocer a
Liszt y a Schumann.. En 1862 se trasladó a Viena, que sería
su lugar de residencia definitiva.
En la música de BRAHMS, síntesis
de clasicismo y romanticismo , desempeña un papel fundamental
el instinto y los orígenes étnicos del compositor.
Predomina en él el rigor formal, que le permite establecer
un equilibrio entre Beethoven (clasicismo que evoluciona hacia
el romanticismo) y Schumann (romanticismo que pugna por encontrar
un nuevo equilibrio clásico). BRAHMS es un tradicionalista
en su vida y en su obra, sus hallazgos nacen en gran parte del
instinto, lo que le permite dar vigor y originalidad a los modelos
clásicos que siempre respeta. Son notables su hallazgos
rítmicos, nacidos de fuente popular y esencialmente románticos.
Desde joven ambiciona conocer el sur, viaja
a Italia, escribe valses en homenaje a Viena y compone sus famosas
danzas húngaras cautivado por el folclore de un pueblo
tan ajeno a su propio carácter. Pronto se radica en Viena,
ciudad que no abandona hasta su muerte. BRAHMS fue la imagen del
severo prusiano, serio y pesado de cuerpo y alma; pero detrás
de su aspereza y brusquedad se ocultó un corazón
blando y bondadoso, un intenso amor por sus semejantes y por la
naturaleza. Comprendiendo su carácter personal, no sorprende
el de su música que es seria y aparentemente pesada a veces,
no solo encierra los más altos valores musicales, sino
también una buena dosis de amor y ternura, hay hasta ejemplos
de humor en su obra.
Por donde más fácilmente se
penetra a su música es a través de sus lieder (canciones),
la mayor parte de ellas cantan la vida solitaria, el amor trágico,
la nostalgia de la muerte. Sigue la línea romántica
de Schubert y más aún la de Schumann, cuya esposa
Clara, píanista importante, llegó a ser el amor
de su vida.
Entre sus obras encontramos: cuatro sinfonías
que a pesar de sus dificultades pertenecen ya al repertorio estable
de las grandes orquestas. Los virtuosos estudian con extremo deleite
sus conciertos: dos para piano, uno para violín y uno para
violín y violonchelo desde luego con acompañamiento
de orquesta. Estas obras muestran a BRAHMS como dueño absoluto
de las formas complicadas.
Obra extraordinaria se puede llamar su "Requiem
Alemán", de profunda devoción, único
en su género por llevar texto en alemán en lugar
de latín. Dentro de la música de cámara destacan:
los quintetos de cuerdas y piano o clarinete; además solo
para piano: sonatas, baladas, caprichos, intermezzos, rapsodias,
valses y sus famosas danzas húngaras.
En sus últimos años BRAHMS
se hizo insociable e inabordable, su música nos refleja
en forma grandiosa la gran mente creadora de este artista. Murió
en Viena el 3 de abril de 1897. Los vieneses lo sepultaron con
el cariño que prodigaron a sus artistas preferidos.
ARQ. PEDRO KLEINBURG
Sonido de fondo "Sonata Nº 3 finale"
Dentro
de la música clásica hemos destacado diferentes
tendencias, siendo el romanticismo una de ellas. Durante algunas
décadas la forma de sinfonía pura no había
producido ninguna obra grande y digna de ser comparada con aquellos
monumentos sonoros de Beethoven. Cuando el romanticismo se acerca
a su fin, florece de nuevo este arte por un breve espacio en manos
de verdaderos sinfonistas dispersos en varios países. Uno
de ellos fue el compositor que ahora nos ocupa, se trata de JOHANNES
BRAHMS que nació en la ciudad de Hamburgo en 1833. Era
hijo de un contrabajista. Niño tranquilo y reservado vivía
en un mundo imaginario. Aprendió a tocar el violín,
el violonchelo y a los siete años empezó el piano.
Hizo rápidos progresos y al poco tiempo pudo actuar como
acompañante de su padre en los bailes. Cuando cumplió
los trece años tocaba en una taberna cercana al puerto.
"
CONCIERTO PARA VIOLIN, OPUS 77".