B R A H M S


Dentro de la música clásica hemos destacado diferentes tendencias, siendo el romanticismo una de ellas. Durante algunas décadas la forma de sinfonía pura no había producido ninguna obra grande y digna de ser comparada con aquellos monumentos sonoros de Beethoven. Cuando el romanticismo se acerca a su fin, florece de nuevo este arte por un breve espacio en manos de verdaderos sinfonistas dispersos en varios países. Uno de ellos fue el compositor que ahora nos ocupa, se trata de JOHANNES BRAHMS que nació en la ciudad de Hamburgo en 1833. Era hijo de un contrabajista. Niño tranquilo y reservado vivía en un mundo imaginario. Aprendió a tocar el violín, el violonchelo y a los siete años empezó el piano. Hizo rápidos progresos y al poco tiempo pudo actuar como acompañante de su padre en los bailes. Cuando cumplió los trece años tocaba en una taberna cercana al puerto.

En 1848 acompañó al violinista húngaro E. Remenyl, lo que le permitió conocer a Liszt y a Schumann.. En 1862 se trasladó a Viena, que sería su lugar de residencia definitiva.

En la música de BRAHMS, síntesis de clasicismo y romanticismo , desempeña un papel fundamental el instinto y los orígenes étnicos del compositor. Predomina en él el rigor formal, que le permite establecer un equilibrio entre Beethoven (clasicismo que evoluciona hacia el romanticismo) y Schumann (romanticismo que pugna por encontrar un nuevo equilibrio clásico). BRAHMS es un tradicionalista en su vida y en su obra, sus hallazgos nacen en gran parte del instinto, lo que le permite dar vigor y originalidad a los modelos clásicos que siempre respeta. Son notables su hallazgos rítmicos, nacidos de fuente popular y esencialmente románticos.

Desde joven ambiciona conocer el sur, viaja a Italia, escribe valses en homenaje a Viena y compone sus famosas danzas húngaras cautivado por el folclore de un pueblo tan ajeno a su propio carácter. Pronto se radica en Viena, ciudad que no abandona hasta su muerte. BRAHMS fue la imagen del severo prusiano, serio y pesado de cuerpo y alma; pero detrás de su aspereza y brusquedad se ocultó un corazón blando y bondadoso, un intenso amor por sus semejantes y por la naturaleza. Comprendiendo su carácter personal, no sorprende el de su música que es seria y aparentemente pesada a veces, no solo encierra los más altos valores musicales, sino también una buena dosis de amor y ternura, hay hasta ejemplos de humor en su obra.

Por donde más fácilmente se penetra a su música es a través de sus lieder (canciones), la mayor parte de ellas cantan la vida solitaria, el amor trágico, la nostalgia de la muerte. Sigue la línea romántica de Schubert y más aún la de Schumann, cuya esposa Clara, píanista importante, llegó a ser el amor de su vida.

Entre sus obras encontramos: cuatro sinfonías que a pesar de sus dificultades pertenecen ya al repertorio estable de las grandes orquestas. Los virtuosos estudian con extremo deleite sus conciertos: dos para piano, uno para violín y uno para violín y violonchelo desde luego con acompañamiento de orquesta. Estas obras muestran a BRAHMS como dueño absoluto de las formas complicadas.

Obra extraordinaria se puede llamar su "Requiem Alemán", de profunda devoción, único en su género por llevar texto en alemán en lugar de latín. Dentro de la música de cámara destacan: los quintetos de cuerdas y piano o clarinete; además solo para piano: sonatas, baladas, caprichos, intermezzos, rapsodias, valses y sus famosas danzas húngaras.

En sus últimos años BRAHMS se hizo insociable e inabordable, su música nos refleja en forma grandiosa la gran mente creadora de este artista. Murió en Viena el 3 de abril de 1897. Los vieneses lo sepultaron con el cariño que prodigaron a sus artistas preferidos.

ARQ. PEDRO KLEINBURG

XE1RAE


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" CONCIERTO PARA VIOLIN, OPUS 77".

Sonido de fondo "Sonata Nº 3 finale"


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