TAMAYO
Cuando hablamos de velocidad ya
no nos impresionan mucho las que alcanzan los automóviles
deportivos o las naves espaciales. De lo que si nos impresionamos
en mayor grado es de las variaciones cada vez mayores que percibimos
de la velocidad del tiempo. Lo anterior viene a colación
porque aunque no parece, el próximo 24 de junio de este
1997 se cumplen seis años del fallecimiento de una de las
personalidades más relevantes de la plástica mexicana
del presente siglo, me refiero al maestro RUFINO TAMAYO.
El arte del maestro TAMAYO constituye una verdadera síntesis de dos culturas, de dos mundos diferenciados: el que le era propio desde sus orígenes donde cobran mucho brío las raíces del México precolombino y el del conocido por Occidente, cuya acumulación cultural, desde el Renacimiento al cubismo y el surrealismo, es plenamente asimilado. TAMAYO es un gran artista moderno y que el descubrimiento que hace del pasado de su pueblo aparece fundido en una concepción actual. Por lo tanto no se encontrará en su obra lo que se entiende por
indigenismo. La realidad de su país
es su punto de partida, pero el concepto y la elaboración
plástica alcanzan un valor y una significación universal.
El maestro TAMAYO nació en Oaxaca, en
1899. En 1911 se trasladó a la Ciudad de México.
Vivió algunos años en Nueva York, donde fue profesor
de pintura y recibió enseñanzas que serian decisivas
para su obra. Es autor de importantes murales en la Ciudad de
México, en los Estados Unidos de Norteamérica y
en el edificio de la UNESCO en París. Lo que más
le caracteriza es su obra de caballete. Lo primero que llama
la atención en su pintura es el color, encendido, brillante:
el color de los frutos tropicales, recordemos a la sandia como
una figura que lo identifica.
Tuve la fortuna de conocerlo y tratarlo personalmente durante varios años ya que mi trabajo profesional en ese entonces así lo exigía . Fue un hombre cabal que me distinguió con su amistad, misma que extraño y que ahora después de seis años nuevamente valoro en su verdadera dimensión.
Tengo muy gratos recuerdos y quisiera hacer una breve semblanza de mis experiencias durante las múltiples visitas que le hice en su estudio.
El maestro TAMAYO vivía en una casa ubicada en la zona de San Angel al sur de la Ciudad de México y ahí mismo tenía su estudio. La casa es de tipo mexicano, austera; con mobiliario rústico, amplio jardín, piezas prehispánicas tanto en exteriores como en interiores. Fue un gran coleccionista de arte precolombino, donó gran parte de su colección al Museo de Antropología que lleva su nombre, ubicado en la ciudad de Oaxaca.
El estudio del maestro TAMAYO era bastante amplio ; techumbre alta e iluminación cenital, que es la óptima para estos menesteres. Tenia varios caballetes para poder colocar en ellos los bastidores que contenían las telas que pintaba. Llamaban la atención unas mesas amplias donde estaban colocados todos los utensilios e insumos para preparar las pinturas que empleaba. Los colores vibrantes que identificaban su paleta eran preparados íntegramente por el. Casi no usaba pinturas: óleos o acrílicos comercialmente adquiridos; más bien gustaba de preparar el mismo sus colores empleando pigmentos, arenas naturales, solventes, etc. Era un verdadero ritual esta elaboración que realizaba siempre el solo.
El maestro TAMAYO era un jornalero, trabajaba ocho horas o más diariamente. Vestía ropa informal y portaba siempre un mandil largo que le colgaba desde el cuello hasta las rodillas ; usaba sandalias durante sus horas de trabajo. Todas la mañanas tomaba jugo de naranja contenido en un vaso muy grande, al lado de su mesa de trabajo había siempre un frasco robusto lleno de caramelos. Seguramente esto también hacía que tuviera una sonrisa muy dulce, tierna y tímida. Su silencio era muy elocuente.
Siempre fue muy vigoroso, incansable en su producción plástica. Su curriculum es bastísimo, fue toda una experiencia haber tenido la suerte de poder estar junto a él en tantas ocasiones.
Permítanme citar unas frases que alguna
vez dijo: "lo fundamental es que soy un hombre igual a los
otros hombres, dotado igual que ellos, con las mismas aspiraciones
y preocupaciones. Uno más entre los hombres de este mundo
dividido por prejuicios y nacionalismos, pero unido por la participación
común en una misma cultura, la cultura humana"
Con la muerte del maestro RUFINO TAMAYO, perdimos al artista más poderoso, influyente y creativo de la plástica mexicana en la última mitad del presente siglo. El genio de TAMAYO ha sido universal, por sus signos básicos, sus imágenes, su sentido del color y del espacio. Se fue el autor, pero nos dejo su obra, el cálido recuerdo de su generosidad de su vigor y de su filantropía.
Una época terminó, desde hace
seis años decimos: después de TAMAYO.
ARQ. PEDRO KLEINBURG