Nació en el Siglo XVI paralelamente
a las violas de gamba. La familia del VIOLIN, cuyo primer ejemplar
era la actual viola, se distinguió inmediatamente con el
nombre de viola de braccio, por utilizarse colocada entre la clavícula
y el mentón, en oposición a las violas da gamba,
que se apoyaban sobre las rodillas. Se distingue por la forma
más esbelta de sus contornos, las curvas más acentuadas,
la tapa y el fondo curvados, el puente donde se apoyan las cuerdas
más alto, las cuerdas más gruesas y con mayor tensión
y el extremo del mango más curvado. Sus apariencias externas
no tendrían gran importancia si no fuera la gran diferencia
de sonoridad más potente, brillante y sobre todo la técnica
distinta que implica la reducción del número de
cuerdas a cuatro.
En sus cuatro siglos de vida mantiene dignamente,
junto con el piano actual, un primerísimo lugar. En las
orquestas, ocupa la mayoría instrumental y en el cuarteto
de cuerda también extiende su dominio, ya que de sus cuatro
instrumentos, dos son violines.
Los primeros constructores de violines que
consiguieron fama fueron: Gasparo de Salo, Maggini y Amati. Estos
nombres junto con los de sus famosos sucesores indican que Italia
fue la cuna donde además de nacer, el VIOLIN adquirió
fama y personalidad. Dos ciudades de Italia: Brescia y Cremona
fueron la cuna de los más famosos Luthier (es el nombre
francés que equivale a constructor de instrumentos de cuerda).
Maggini es el fundador de la escuela de Brescia y Amati de la
de Cremona, ambos entre los años 1500 a 1600.
Fue Cremona la ciudad que más se distinguió
en la construcción de estos instrumentos siendo Niccolo,
el más famoso de todos los Amati y sus tres discípulos:
Francesco Ruggeri, Santos Serafino y Antonio Stradivarius (1644-1736)
el más grande luthier de todos los tiempos.
El secreto de la extraordinaria perfección
y belleza de los violines Stradivarius no solo debe atribuirse
a muy capacitadas manos sino también a la calidad de los
barnices empleados, cuya elaboración personal mantenía
en la más rigurosa reserva y también por tener a
disposición abeto balsámico, riquísima madera
de excepcional calidad. Estos instrumentos no se han podido jamás
igualar.
Los arcos para frotar las cuerdas, accesorio
del VIOLIN, como de la viola, violoncello y contrabajo, consta
de una varilla delgada y algo curva en la que se extiende una
mecha de crin o cerdas de caballo bien tirantes, cosa que puede
efectuarse a voluntad gracias a un tensor situado en uno de los
extremos. Este crin o cerdas se frota con colofonia para que al
tomar contacto con las cuerdas no resbale el sonido. Así
como el prestigio de los violines italianos es universal, los
mejores arcos para frotar sus cuerdas son franceses.
La adaptación del VIOLIN con los demás
instrumentos musicales sean de cuerda, madera o metal es perfecta
y unido al piano forman una fusión muy completa a pesar
de sus enormes diferencias de timbre, volumen y carácter
que ha podido desarrollarse hasta alturas extraordinarias en la
forma Sonata. Como ejemplos destacados de compositores de sonatas
para piano y VIOLIN merecen citarse a: Couperin, Corelli, Bach,
Mozart, Beethoven, Schumann, Franck y Brahms, entre otros.
Desde luego el VIOLIN como instrumento solista
en conciertos con orquesta merece especial distinción.
Son bien conocidos los conciertos de: Beethoven, Tchaikovsky,
Mendelssohn, Mozart y Brahms, entre otros.
Es igualmente justo destacar algunos de los
grandes violinistas de este siglo:
Jascha Heifetz, Yehudi Menuhin, Leonid Kogan,
Isaac Stern, Henryk Szeryng (nacionalizado mexicano), Pinchas
Zukerman, Schlomo Mintz e Itzhak Perlman, entre otros.
ARQ. PEDRO KLEINBURG
Los instrumentos de arco nacen antes
de la Edad Media en muy diversas manifestaciones, tales como el
Kemangeh y el Rabel árabes, precursores primitivos del
futuro violonchello; la Serinda y la Giga precursoras de la viola
y el VIOLIN que es actualmente el instrumento de cuerda con arco
más conocido.