Si eres hombre corrido y poco asustadizo, conocedor de las miserias
humanas y amante de la verdad, aunque ésta amargue, éntrate
sin miedo por las páginas siguientes de este libro; que
no encontrarás en ellas nada que te sea desconocido o que
te haga molesto. Más si eres alma pía y asombradiza;
si de la desnudez de la verdad te escandaliza o hiere tu amor
propio su rudeza, detente entonces y no pases adelante sin escuchar
primero lo que debo decirte.
Por que temo mucho, lector amigo, que de ser esto así y
si no te mueven mis razones, te esperare más de un sobresalto
entre las páginas de este libro. Yo dejaré correr
en él la pluma con entera independencia y si por acaso
te maravilla que siendo yo quien soy me entre con tanta frescura
por terrenos tan peligrosos, has de tener en cuenta que, aunque
historicista parezcon, soy sólo un misionero, y así
como predicada un fraile en cualquiera plaza pública con
sus rudas verdades, así también armo mi tinglado
con estas páginas, y desde aquí predico verdades
claras y necesarias.
Y con esto, lector pío y candoroso, te dejo en paz, y libre
quedas par entrarte si te place, por las páginas, porque
si mis razones no te han convencido como deseo, es fácil
que la curiosidad te impulse contra lo que yo pretendo.
Quédate, pues, con Dios, y El te bendiga.
Fray Luis.
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